Las ciudades latinoamericanas se acercan por su tamaño a las más antiguas urbes del planeta, aunque son jóvenes y su crecimiento es aún vibrante. Según la ONU, América Latina es considerada la zona más urbanizada del planeta con un 80 % de su población residiendo en las ciudades.

Sumado a este rápido crecimiento poblacional, la penetración tecnológica, el incremento del ingreso y la transformación en las expectativas de vida de sus habitantes, en la región se conjugan todos los elementos que nos permitirán presenciar el desarrollo y evolución de las smart cities del futuro. De hecho, varias de las ciudades latinoamericanas ya han empezado a dar pasos en ese sentido. No por poco en los últimos índices del IESE Cities in Motion de 2017 y el GaWC de 2016, la mirada se viene volcando hacia importantes urbes como Buenos Aires, Ciudad de México, São Paulo, Bogotá, Medellín entre algunas otras, que empiezan a apoyarse en la tecnología para lograr una administración coordinada de sus sistemas como una manera de afrontar sus desafíos sociales y urbanísticos.

En cuanto a estos desafíos, a pesar de sus claras diferencias, la mayoría de ciudades en la región comparten retos comunes como la inseguridad, la pobreza, la inequidad, la contaminación y la congestión vehicular, por nombrar algunos. Ciudades como Tokio, París, Londres o Nueva York llevan décadas pensando e implementando soluciones a estos retos, algunas con mucho o poco éxito, y, sin embargo, América Latina debe hacerles frente en un momento de la historia en el que existen innumerables desarrollos tecnológicos que buscan facilitar su gestión.

En ese sentido, para empezar, las ciudades inteligentes en América Latina, deberán entenderse como una plataforma urbana que usa la información en tiempo real para entender cómo interactúan diferentes elementos (la rutina de los ciudadanos, la movilidad, el uso de los servicios públicos, el clima, entre otros) y proveer una respuesta integral, tal como lo haría el cerebro del cuerpo humano. Asimismo, esa forma inteligente e integrada de actuar, deberá promover una interacción más directa con sus ciudadanos, que apueste por una participación e involucramiento activo.

La mayoría de ciudades en la región comparten retos comunes como la inseguridad, la pobreza, la inequidad, la contaminación y la congestión vehicular

En este proceso, se hace indispensable que los gobiernos nacionales y locales, instituciones, y empresas públicas y privadas de cada país que intervienen en la administración de la ciudad, entiendan conjuntamente la importancia de ver la ciudad inteligente como una sola plataforma con muchas aplicaciones. Esta visión debe facilitar una forma de actuación coordinada y articulada.

Asimismo, y para contar con el insumo e involucramiento de los ciudadanos, es fundamental continuar los esfuerzos de conectividad. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, se estima que en la región el número de hogares conectados a Internet creció un 14 % en promedio anual en los últimos años, llegando al 43 % del total de los hogares en 2015, valor que casi duplica al de 2010. Estas son cifras que nos hablan de que la penetración de este tipo de servicio es día a día mayor, pero que hacen necesario continuar elevando sus índices.

Construir la ruta que deben seguir las urbes latinoamericanas no es cuestión sencilla, pero tienen la oportunidad valiosa y estratégica de apoyarse en socios tecnológicos con experiencia en el desarrollo de soluciones que, adaptadas a las necesidades de cada ciudad, logren una gestión urbana exitosa a través de innovaciones tecnológicas eficientes. Lo cierto es que las ciudades inteligentes están más cerca de América Latina de lo que se cree.

Actualmente, ciudades como Medellín en Colombia son un referente mundial de innovación. Con el apoyo de un socio tecnológico, esta ciudad se está encaminando a perfilarse como un claro ejemplo de smart city en la región, a través de soluciones estructuradas con altos estándares internacionales. En el campo de la movilidad, por ejemplo, la ciudad cuenta con el Sistema Inteligente de la Movilidad de Medellín (SIMM), una herramienta que funciona al estilo “cerebro” y recoge y analiza información de diferentes subsistemas, y planea la movilidad de forma global. El SIMM le ha servido a Medellín para reducir el tiempo de respuesta a incidentes de 35 a 17 minutos, disminuir en un
18 % el número de accidentes en los semáforos y, a los usuarios, para tomar mejores decisiones de ruta con base en la información que se les ofrece en los paneles y en redes sociales como Twitter.

Un modelo de ciudad inteligente implica evolucionar hacia una visión de ciudad más coordinada y articulada, en la que los ciudadanos tienen un rol más activo, y que usa herramientas tecnológicas que permiten pensar más rápido y gestionar servicios

Otro caso es el de Buenos Aires en Argentina, que ha implementado un CUCC (Centro Único de Coordinación y Control de Emergencias), que cubre de forma integral los planes de seguridad y emergencia en la ciudad. La urbe también cuenta con un sistema de soluciones destinadas a un transporte y distribución más eficientes y limpios de la energía y del agua.

Desarrollar un modelo de ciudad inteligente implica evolucionar hacia una visión de ciudad más coordinada y articulada, en la que los ciudadanos tienen un rol más activo, y que usa herramientas tecnológicas que permiten pensar más rápido y gestionar servicios que le apuntan al modelo de ciudad ambicionado: urbes habitables, funcionales, competitivas, sostenibles y atractivas.