A paso firme y seguro, así queremos que camine la Ciudad de México (CDMX) para consolidarse como una ciudad inteligente. En este camino de transición tecnológica hay aspectos que no debemos perder de vista para llegar a este objetivo. El tiempo apremia. Y queremos comenzar refiriéndonos al tiempo, pues es un factor del que no debemos fiarnos.

Hace sesenta años se dio la primera comunicación entre cuatro computadoras con fines militares, lo que dio origen a lo que hoy conocemos como internet. Éste se expandió y creció tan rápido que terminó por marcar un estilo de vida, conectar objetos y hasta ciudades enteras, terminado así por moldear la economía.

Fue esta tendencia de conectividad a la que, en 1999, Kevin Ashton denominó el Internet de las Cosas, donde la conexión y comunicación entre dispositivos permitió concentrar información y generación de tendencias. Con la tercera ola del internet, la innovación se convirtió en un proceso constante, pues los dispositivos ya tienen ojos y orejas, lo que les permiten adaptarse y adentrarse en nuestras vidas.

El CDMX pretende lograr una ciudad inteligente que proporcione soluciones a los problemas que aquejan a las zonas urbanas, que aproveche la tecnología para simplificar la vida de las personas y facilitar las actividades de las empresas

Con este breve, pero preciso panorama encontramos la aplicación de la tecnología en la vida pública de los países. Hablamos de una ciudad inteligente cuando la generación de conocimiento derivado de los dispositivos conectados converge en la gestión de recursos públicos para mejorar la calidad de vida de las personas y del entorno. El Banco Interamericano de Desarrollo (2016) asegura que esta integración tecnológica de desarrollo hace que las ciudades sean más innovadoras, competitivas, atractivas y resilientes, mejorando así las vidas de los habitantes.

De acuerdo con cifras de la ONU, en 2050, el 70 % de la población mundial (más de 6 mil millones de personas) vivirá en ciudades. Por ello, representa un reto la correcta integración de las tecnologías de la información.

¿Y dónde está entonces la CDMX?

CDMX con potencial

Comencemos dibujando algunos datos interesantes.

CDMX es un referente nacional pues es un reflejo político, económico y social del país. Aquí residen los tres Poderes de la Unión: la residencia del Ejecutivo Federal, el Congreso de la Unión y la Suprema Corte de Justicia de la Nación; es la segunda entidad con mayor habitantes y la que más aporta al Producto Interior Bruto (PIB).

Ahora bien, en términos de conectividad, en México el 63 % de la población de seis años o más se declaró usuaria de internet, es decir, 70 millones de internautas, de los cuales 3 de cada 4 tienen un teléfono inteligente. De acuerdo con PC World México, una publicación de International Data Group (IDG), la contribución económica total de la industria de los dispositivos móviles alcanzará los 52 mil millones de dólares para el 2020, lo que representa más del 3,8 % del PIB de México.

Con estos datos, es posible ver que existen las condiciones favorables para encaminar y tejer una ciudad inteligente, por eso es necesario voltear a ver el actuar del Gobierno de la CDMX. En este último año ha direccionado los esfuerzos para hacer de esta ciudad, un referente mundial. Apenas en septiembre de 2016, con el objetivo de incrementar la conectividad en la CDMX y transitar hacia una ciudad inteligente, la Secretaría de Desarrollo Económico (SEDECO) inició en coordinación con la Universidad Nacional Autónoma de México y el Banco Mundial para ejecutar un “Plan Maestro de Conectividad de la CDMX”, que consiste en:

1. Identificar la infraestructura de conectividad actual en la CDMX.
2. Estimar de la demanda de conectividad en la CDMX.
3. Propuesta de diseño de la Red de Conectividad de la CDMX.
4. Propuesta de rediseño del Sistema de Radiodifusión de la CDMX.
5. Análisis de la estructura gubernamental e identificación de necesidades.

Es de destacar que este plan maestro contempla una “unidad organizacional” que se encargará de la gestión de la infraestructura y el diseño de una asociación público-privada para operar la Red de Conectividad de la CDMX que, con base en las mejores experiencias internacionales, permita aprovechar de manera eficiente la infraestructura existente, fomentar sinergias e impulsar el crecimiento autónomo y sustentable de nueva infraestructura, y establecer los cimientos para que México se convierta en una ciudad inteligente.

La participación ciudadana es un pilar que no se debe dejar de lado, pues somos los ciudadanos quienes damos inicio a esta transformación y quienes evaluemos de manera constante el resultado de la integración de la información

El CDMX pretende lograr una ciudad inteligente que proporcione soluciones a los problemas que aquejan a las zonas urbanas, que aproveche la tecnología para simplificar la vida de las personas y facilitar las actividades de las empresas, pero que también vaya más allá, aprovechando las nuevas herramientas basadas en la inteligencia colectiva y los procesos sociales colaborativos (SEDECO, 2016).

En noviembre de ese mismo año, se dio a conocer que el Smart City Playbook de Nokia reconoció que la CDMX cuenta con la infraestructura para convertirse en una ciudad inteligente, al obtener 3 de 5 puntos en la evaluación.

Por un lado, tenemos números que muestran un panorama positivo sobre la tasa de crecimiento de internautas y la inclusión digital y por otro lado, vemos un Gobierno dispuesto a posicionar a la ciudad como un referente. Pero desde nuestra perspectiva hay tres importantes retos para la CDMX que no se deben perder de vista y que debemos tener bien presentes para no perdernos en este camino tecnológico.

Retos de la CDMX

A pesar de que el BID plantea una ruta teórica para que las ciudades alcancen a consolidarse como una ciudad inteligente, me permitiré plasmar tres reflexiones sobre los retos que enfrentar la CDMX, pues su consolidación como ciudad inteligente no es cosa menor.

Enfoque humano sobre la tecnología

Para desarrollar este primer reto, retomaré la idea del investigador del Media Lab, Luis Alonso del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), quien asegura que, en sí, la innovación no tiene una relación directa con la tecnología, sino que es cuestión de identificar las principales problemáticas y visiones de cada ciudad. La CDMX es un reflejo de grandes desigualdades que se viven en México. No se trata solo de un problema económico, la desigualdad está prácticamente en todas las esferas de la actividad social, tal como la educación, salud, ingreso, entre otras.

En ese orden de ideas, la promoción de una ciudad inteligente debe tener bien presente que el conocimiento en red debe mejorar la vida de las personas conectadas, pero también acercar a las no conectadas, calibrando políticas públicas y no dejar de ver los problemas de la urbe, de los ciudadanos de pie.
Recuperando las palabras de Enrique V. Iglesias, expresidente del BID, el uso de la tecnología debe ser entendido como un medio y no como un fin en sí mismo.

Legislación e inclusión prioritaria en Programa de Gobierno

El camino para alcanzar la consolidación de la CDMX como una ciudad inteligente no debe depender de voluntades. A pesar de que la CDMX cuenta con leyes que coadyuvan a promover conectividad, como son la Ley para Promover el Desarrollo del DF como Ciudad Digital y del Conocimiento, que fue aprobada en 2012, y la Ley para Hacer a la Ciudad de México una Ciudad Abierta, es necesario que el liderazgo de este proyecto trascienda los sexenios del jefe de Gobierno y se plasmen de manera puntual y detallada en los objetivos y líneas de acción del Programa Estatal de Desarrollo 2019 – 2024.

La legislación debe entender las grandes implicaciones que conlleva una ciudad inteligente y, en función de eso, debe legislar de manera anticipada. Por ejemplo, el tema de ciberseguridad debe plantear mecanismos de protección para todas las partes que permitan un sistema confiable y que no vulnere el alma de la ciudad inteligente. Sin duda que el espíritu del legislador debe ser de vanguardia.

Participación ciudadana

Finalmente, no debemos olvidar que el verdadero objetivo de esta gran consolidación de la conectividad es traer valor público, es decir, además de atender las necesidades básicas de la población de manera inteligente, fortalecer los principios cívicos y democráticos de la sociedad, tales como la responsabilidad, la transparencia y la participación7.

La participación ciudadana es un pilar que no se debe dejar de lado, pues somos los ciudadanos quienes damos inicio a esta transformación y quienes evaluamos de manera constante el resultado de la integración de la información. La satisfacción ciudadana es la mejor pauta para calibrar el desempeño es estas ciudades.

Nos encontramos en épocas de cambio, donde la administración pública requiere un conocimiento profundo y dinámico de las regiones que componen la sociedad. Y la modificación de las formas de gobierno y sobre todo nuevos procesos de comunicación entre los diferentes actores que estén involucrados en la toma de decisiones, serán definitorias para la consolidación de la CDMX como una ciudad inteligente.

Fue apenas hace 60 años, en plena Guerra Fría donde nació la idea de crear una red de computadoras que, con fines exclusivamente militares, pudieran tener acceso a la este tipo de información desde cualquier parte del mundo. En ese momento, resultaba inconcebible imaginar hasta dónde llegaría el proyecto de apenas cuatro computadoras que anidaban información estratégica.

Tal vez en este momento nos resulte inconcebible hasta dónde puede llegar el potencial de las ciudades inteligentes, por eso es tiempo de reflexionar sobre el fin último de la integración tecnológica, anteponiendo el sentido humano y la participación ciudadana en la construcción de políticas.

Y todo esto porque podemos generar muchas ventajas para nuestros ciudadanos:

1. Reducción del tiempo que emplean los ciudadanos al realizar procesos, esto los convierte en procesos eficaces y más simples.
2. Evitan el juicio subjetivo, hay transparencia de la gestión pública, generando confianza entre los agentes que intervienen.
3. Facilita la conexión entre el Estado y los ciudadanos, genera “engagament público”.
4. Reducción de costos de operación.
5. Acceso y flujo de información continua y acercamiento con el ciudadano.
6. Utilizan al máximo los elementos tecnológicos e incorporan controles automatizados.
7. Fomenta la democracia participativa, a través de la participación ciudadana.
8. Contribuye a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y disminuye la corrupción.