El auge de las ciudades en los foros nacionales e internacionales no es algo nuevo. Basta volver unos meses atrás para ver los encabezados desde Quito, Ecuador, donde los actores locales fueron los protagonistas de la Tercera Conferencia de Naciones Unidas sobre la Vivienda y Desarrollo Urbano Sustentable (Habitat III), que a finales de 2016 reunió a poco más de 50.000 participantes provenientes de todas las latitudes del planeta. Además, cabe recordar que el Estado actual fue fundado sobre la base de las antiguas ciudades-Estado, e incluso actualmente existen casos como Singapur y la Ciudad del Vaticano, cuyo territorio nacional consiste en una sola ciudad.

En el panorama actual, en que los cambios y la incertidumbre parecen ser la constante, destacan las cada vez más vigorosas respuestas de autoridades y comunidades locales en los casos en que los gobiernos nacionales no atienden sus demandas

Sin embargo, su peso se ha hecho más evidente recientemente en los casos en que la capacidad de los gobiernos y políticas nacionales para satisfacer las demandas de sus ciudadanos ha sido puesta a prueba por situaciones de tipo ambiental, económico o político. Por ejemplo, hemos visto cómo los grupos opositores al presidente Maduro en Venezuela se han organizado a nivel barrial, así como la manera en que los residentes de varias ciudades en Estados Unidos se han manifestado a nivel local contra las políticas de su nuevo Gobierno Federal. Más allá de los detalles de cada caso, ambos son ejemplos de la capacidad de las comunidades para responder por sus propios medios a situaciones de origen externo que afectan su bienestar.

Así, vemos cómo en el panorama actual, en el cual los cambios y la incertidumbre parecen ser la constante, destacan las cada vez más vigorosas respuestas de autoridades y comunidades locales en los casos en que los gobiernos nacionales no atienden sus demandas. Dichas reacciones muestran su alta capacidad para “absorber alteraciones y reorganizarse, al tiempo que experimentan cambios, de manera que aún retienen sus funciones, estructura, identidad y ciclos básicos”, que es lo que se conoce como resiliencia.

Este término, que se originó en las áreas de Psicología y Ecología, antes de pasar a las Ciencias Sociales, ha permeado un sinnúmero de políticas e iniciativas en los últimos años. Tan es así, que mereció 18 menciones en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y la Fundación Rockefeller lanzó una gran iniciativa llamada “100 Ciudades Resilientes”, con el fin de fortalecer las capacidades de resiliencia de 100 ciudades alrededor del mundo. La idea de resiliencia hoy en día se aplica en un sinnúmero de disciplinas con la finalidad de abordar los retos actuales, incluyendo temas como mitigación y adaptación al cambio climático, prevención del crimen, reducción de la violencia urbana y combate a la pobreza. En todos ellos, las ciudades son quienes destacan como actores clave en todas estas áreas.

Es importante destacar que la mayor parte de este crecimiento urbano se verá en las ciudades ubicadas en países de bajos y medianos ingresos, lo que magnifica la dificultad de cualquier reto por las desigualdades y carencias

Ello no es por demás, pues más de la mitad de la población mundial hoy en día vive en ciudades, y se estima que para 2030 este número ascenderá al 60 % del total. Es importante destacar que la mayor parte de este crecimiento urbano se verá en las ciudades ubicadas en países de bajos y medianos ingresos, lo que magnifica la dificultad de cualquier reto por las desigualdades y carencias que generalmente prevalecen en dichos contextos. Por ello, dicho crecimiento debe ir aunado al fortalecimiento de las capacidades de los actores locales para prepararse, adaptarse y prosperar a las consecuencias de dichos retos, pues serán, como siempre han sido, los que estén al frente de cualquier contingente, poniendo en práctica y dando lecciones de resiliencia.