“Estamos volviendo al Renacimiento”. Quien sostiene semejante afirmación no es otro que Simon Smithson, arquitecto y premio Pritzker 2007, en la entrevista que ocupa las páginas centrales de este número. Lo hace refiriéndose a la importancia e identidad que están cobrando algunas capitales del mundo y que, de cumplirse las expectativas de las Naciones Unidas sobre población en las próximas décadas, cambiará la manera en que se estructuran nuestras sociedades. Quienes gobiernen estas megaciudades tendrán que enfrentarse a desafíos de pobreza, inseguridad, contaminación y movilidad a una escala mucho mayor a la que estamos acostumbrados. Es en este contexto donde conceptos como smart cities (ciudades inteligentes) o ciudades globales cobran especial relevancia. El concepto abarca mucho más que la simple digitalización de las ciudades, implica un cambio estructural de cómo se vive en éstas, tal y como apunta uno de nuestros colaboradores, en donde cobran especial importancia indicadores como la calidad de vida, el decrecimiento, la resiliencia y la felicidad, entre otros. Asimismo, la necesidad de apostar por energías renovables que favorezcan la sostenibilidad y la reducción del consumo de recursos naturales son también retos imprescindibles que deben ser abordados en los próximos años si se quiere gestionar a tiempo el gran fenómeno de las ciudades globales.

Quienes tienen una visión transformadora y pretenden convertir sus ciudades en espacios globales coinciden en que es necesario un plan de desarrollo y colaboración público-privado, con el fin convertir las ciudades en espacios modernos donde la cultura, la tecnología, la movilidad, la seguridad, la salud, la conectividad y la economía sean pilares de crecimiento.

Como también se apunta en este número, la economía colaborativa y la participación ciudadana, que ya están dando forma a nuestra sociedad, tendrán cada vez más presencia en las ciudades del futuro, lo que otorga a la comunicación un papel fundamental para gestionar con éxito estas megaciudades.

Quienes tienen una visión transformadora y pretenden convertir sus ciudades en espacios globales coinciden en que es necesario un plan de desarrollo y colaboración público-privado

La importancia de tener una visión estratégica es vital para construir una base sólida y atemporal. Asimismo, no se puede perder de vista el concepto de sostenibilidad, la capacidad de generar desarrollo e innovación desde la responsabilidad, y tampoco la diversidad cultural, así como la convivencia entre la tradición y la modernidad. Por ello, todos los pilares nombrados anteriormente solo serán efectivos y transformadores en la medida en que estos tengan la capacidad de ser sostenibles a largo plazo.

En este número analizamos todas estas variables con el fin de continuar el debate ya iniciado sobre este asunto. Además, lo hacemos desde diferentes perspectivas y contamos con colaboraciones muy diversas para poder crear un marco que posibilite un contexto y a la vez una reflexión sobre este fenómeno que ya ha comenzado a cambiar nuestra manera de vivir.