Cuando pensamos en la industria automotriz mexicana, nos imaginamos una línea de producción donde se fabrican automóviles. Sin embargo, pocas veces consideramos que la industria abarca más que autos e incluye también camiones de carga, autobuses de pasajeros y por supuesto toda la cadena de suministro que alimenta a la industria.

La mayoría de la gente, sabe –o tiene alguna noción– que México es un importante productor de automóviles a nivel mundial. No obstante, pocos conocen que en 2016 México se ubicó como sexto productor de vehículos pesados y exportador número uno de tractocamiones en el mundo.

De los 3,8 millones de vehículos pesados que se produjeron en 2016, China produjo el 50,5 %, Japón 13,4 %, India 9 %, Alemania 8,2 %, EE. UU. 7 %, México 3,9 %, Corea del Sur 2,5 %, Brasil 2,1 %, Indonesia 1,8 % y Rusia 1,6 %. Como región, Asia incrementó su presencia de 75,5 % a 78,9 %, mientras Norteamérica bajó su participación de 13,9 % al 10,9 %. Estas cifras demuestran que la coordinación en el continente asiático les ha permitido avanzar, pero también que, como industria automotriz de vehículos pesados, debemos potenciar la región de América del Norte frente a otras regiones del mundo.

La producción de tractocamiones es un ejemplo consumado de la alta integración comercial que existe entre ambos países. Los tractocamiones más vendidos del mundo se producen en México y llevan motores fabricados en Estados Unidos. En México, no se fabrican motores para autos pesados y, como el motor, existen muchas autopartes que en su elaboración cruzan varias veces la frontera y terminan como producto final en EE. UU. siendo gran parte del contenido de ese mismo país. Los tan mencionados déficits comerciales deben analizarse de manera profunda, a la luz de ejemplos como el citado anteriormente.

Actualmente, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para vehículos pesa-dos habla de un mínimo de 60 % de contenido regional, siendo de los porcentajes más altos de cualquier industria. Se ha comentado que México no permitiría la implementación de aranceles o cuotas, por lo que, lo más probable es que gran parte de la discusión se centre en el contenido regional, por lo menos en los productos de manufactura.

Como industria automotriz de vehículos pesados, debemos potenciar la región de América del Norte frente a otras regiones del mundo

En este sentido, me parece importante destacar dos puntos tomados de los cinco principios y objetivos bajo los cuales se buscaría una negociación del TLCAN, anunciados por el presidente Peña Nieto hace unas semanas:

  1. “Preservar el libre comercio, que los productos estén exentos de cualquier arancel y cuota, y fortalecer la norteamericana y sus cadenas de productividad y suministros”.
  2. “Trabajar por una frontera que nos una y no que nos divida…, invertir más en infraestructuras fronterizas y reducir los tiempos de espera de los cruces”.

Dentro de este último tema en particular, el agilizar los cruces tiene un efecto win-win para ambos países ya que potenciaría la productividad para la industria considerablemente, y se centraría en una parte importante del TLCAN como son los servicios, especialmente los de transporte transfronterizo, los cuales no se han desarrollado desde la integración que se planteó hace 25 años.

En caso de que las negociaciones fueran infructuosas y que México o EE. UU. denunciaran o se retiraran del TLCAN, entrarían en vigor los aranceles registrados por EE. UU. en la Organización Mundial de Comercio, siendo del 4 % para tractocamiones, 25 % para camiones unitarios y 2,5 % para autobuses. Otras posibilidades como el Border Adjustment Tax (BAT), cada día pierden más fuerza.

Desde que se anunció la renegociación del TLCAN, las especulaciones sobre su futuro han variado día con día, especialmente al escuchar pronunciamientos de las autoridades norteamericanas que, paulatinamente han ido moderando el discurso, muy probablemente gracias a que han ido comprendiendo mejor la integración que tenemos como región, la cual si bien no es perfecta, sí es beneficiosa para ambas naciones.

La mayor integración comercial de los tres países que conforman América del Norte solo puede hacernos más competitivos y hacer nuestras economías más fuertes

La negociación tomará más de un año y el punto de partida será la notificación del Ejecutivo al Congreso de Estados Unidos, la cual seguramente ya se conocerá para cuando estas líneas sean publicadas.

Durante 25 años nos hemos regido bajo este es-quema y el nuevo TLCAN definirá el futuro del comercio exterior en la región. La mayor integración comercial de los tres países que conforman América del Norte solo puede hacernos más competitivos y hacer nuestras economías más fuertes. Una negociación que vaya más allá de las coyunturas electorales que esperan a Estados Unidos y México, debería ser la prioridad de todos los involucrados.