Desde que en 1823 el presidente James Monroe declarase ante el Congreso que los continentes americanos quedaban fuera del ámbito colonizador de los poderes europeos, hasta que Barack Obama anunciase el fin de la intervención de su país en los asuntos de América Latina, en la Cumbre de las Américas de 2015, la relación del continente con los sucesivos presidentes de EE. UU. ha pasado por diferentes fases que han sido clave para su desarrollo político, económico y social.

La incertidumbre que provocó la victoria de Donald Trump al proclamarse presidente de Estados Unidos se dejó notar en todo el mundo, pero en ningún lugar se temieron más las réplicas del terremoto político que supuso la llegada de Trump al poder como en América Latina. La falta de concreción de la administración Trump en su programa de política exterior tiene a gran parte del globo expectante sobre sus próximos pasos. El resto de las potencias esperan las decisiones estratégicas del inquilino de la Casa Blanca para aprovechar nuevas oportunidades o vacíos de poder donde Estados Unidos alguna vez llevó la delantera.

Este año 2017 y el que viene serán determinantes para Latinoamérica, ya que gran parte de sus gobiernos se enfrentan a la reválida de las elecciones generales

En Europa las aspiraciones nacionalistas de Reino Unido debilitan la fortaleza exterior de la Unión y convierten al país británico en un actor con capacidad negociadora propia, libre de las imposiciones de los Estados miembros. España y Portugal, por su parte, cobran una nueva importancia como aliados estratégicos de América Latina y como intermediarios, tanto por su geolocalización como por su relación histórica y sus vínculos culturales.

Cabe destacar que este año 2017 y el que viene serán determinantes para Latinoamérica, ya que gran parte de sus gobiernos se enfrentan a la reválida de las elecciones generales. Chile, Honduras, Costa Rica, Paraguay, Colombia, México, Brasil y Venezuela elegirán a sus Jefes de Estado. La parálisis de reformas estructurales que afecta a la región, viene dada, como es el caso de Brasil o Chile, por la pronta llegada de los comicios; en otros casos, simplemente no hay intención de hacer reformas porque no se cree en ellas, como es el caso de Venezuela; y, por último, hay situaciones en las que los gobiernos debilitados, como el caso de Guatemala, no tienen opción de potenciar la productividad y la competitividad. Como opina uno de nuestros protagonistas en páginas interiores, puede que los países de América Latina no tengan a Trump entre sus prioridades, inmersos como se encuentran en sus propios procesos internos.

¿Recuperará EE. UU. su espíritu fundacional de liderazgo en el orden mundial? ¿Influirá en las elecciones europeas y del resto del mundo la irrupción de un populista en el Gobierno estadounidense? ¿Cómo cambiará la administración Trump el equilibrio de fuerzas en América Latina? ¿Acabarán las precariedades sociales de los países latinoamericanos gracias a la amenaza de no prolongación del TLCAN? ¿Encontrará Latinoamérica alternativas para dinamizar su crecimiento, transformar su estructura productiva, etc. sin dejar de lado los retos sociales? ¿Quién pagará el precio de la nueva política en torno a “make America great again”? ¿La nueva situación traerá el despertar de una sociedad pasiva? Estos son algunos de los fascinantes interrogantes que exploramos en este número de UNO.