No creo que América Latina tenga como prioridad a Trump

Está lindando los setenta años en plenitud intelectual. “Soy un historiador, un ensayista y un editor”, me dice para justificar su apartamiento de la “intelectualidad académica”. Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947) es seguramente el gran referente de la historiografía de la revolución mexicana, uno de los ensayistas liberales más reconocidos del ámbito español y latinoamericano y un consumado polemista cuando de defender la democracia y los derechos y libertades se trata.

Fue uno de los firmantes de la carta de artistas e intelectuales hispanos que en el verano previo (2016) a la elección de Donald Trump mostraron su preocupación por su posible presidencia de Estados Unidos, lo que finalmente se produjo el posterior 8 de noviembre. Krauze se ha convertido, sin duda, en uno de los flagelos dialécticos más constantes contra lo que representa el mandatario estadounidense. El mexicano considera a Trump “pirómano, irresponsable, narcisista y megalómano”, y le atribuye perpetrar “un daño inmenso”. Sin embargo, este historiador detallista y brillante no cree que América Latina tenga como prioridad a Trump ni las antenas orientadas hacia sus políticas porque muchos países del área no dependen demasiado de lo que suceda en Estados Unidos, aunque todos lo hagamos.

Una fuerte presencia moral en Washington tendría un gran efecto sobre Venezuela y Cuba

Para Krauze, cada país latinoamericano está inmerso en sus propios problemas: “Brasil en su corrupción, Argentina en su reconstrucción económica, Chile en mantener su marcha democrática y su economía, Venezuela en el infierno y Cuba en espera”. Pero el analista que el mexicano lleva dentro afina:

“Algunos Gobiernos como el argentino y el peruano se han acercado discretamente a Trump buscando minimizar los daños e introducir cierta racionalidad en el personaje. Kuczynski y Macri han hecho bien. Pero América Latina está con-centrada en sus propios problemas y tampoco parece que la región importe demasiado a Trump, lo cual tiene sus ventajas”.

Lamenta, no obstante, la carencia ética en la capital estadounidense porque una “fuerte presencia moral en Washington, que se ha perdido con Trump, tendría un efecto definitorio en la situación venezolana y en la cubana”. Según él, la “clave de Cuba está en Venezuela, aunque en un momento dado, ahí están los rusos”, parece lamentarse un intelectual que conoce como la palma de su mano el Nuevo Continente, lo que le lleva a reiterar que “el mayor problema de América Latina es Venezuela”.

Le pregunto por su país, por México:

“Fue un error histórico de Peña Nieto la invitación a Trump, el 31 de agosto de 2016. Él ganó todo y no dio nada. No sé cuántos votos le proporcionó al norteamericano, pero sí algunos. Se perdió la oportunidad de hacerle un reclamo público por los agravios a México”.

El mayor problema de Latinoamérica es Venezuela y de ese país depende también el castrismo

Krauze cree que hay una vía de relación entre el ministro de Exteriores mexicano y los representantes formales e informales de Trump en relación con el Tratado de Libre Comercio (NAFTA). “Parecería que la atmósfera entre los negociadores es moderadamente favorable a un arreglo que no destruya el acuerdo”, y continúa cautelosamente Krauze: “Creo que por ahí van a ir las negociaciones aunque no descartaría nunca que, en un arranque madrugador, la víspera de la confirmación del convenio Trump ordene cancelarlo”.

Para Krauze, siendo el Tratado de Libre Comercio (TLC) importante, hay:

“Otros aspectos altamente preocupantes en las relaciones entre los dos países, como el discurso del odio nativista, aunque ha disminuido por-que el presidente estadounidense ha abierto demasiados frentes, incluso los que atañen a su propia supervivencia en la Casa Blanca, de tal manera que parece convencido de que México es uno de sus problemas menores”.

Existe una atmósfera favorable para que se mantenga la vigencia del NAFTA

¿Y el muro fronterizo que prometió construir a costa de los mexicanos?: “La realidad le ha estado convenciendo de que es inviable, innecesario y antieconómico, y que le enfrentaría a toda suerte de conflictos y de demandas en EE. UU.” Y así, “el panorama negro que se veía entre los dos países solo hace unos meses se ha aclarado un poco, pero yo jamás cantaría victoria porque Trump es un tirano”.

Y si lo es, ¿nos estamos enfrentando a esa realidad? La respuesta de Krauze es negativa y apela a la valentía.

“En el teatro de la política la que ha entendido bien quién es Trump ha sido Angela Merkel, que con solidez y seriedad hizo las declaraciones que tenía que hacer, y me gustó particularmente el gesto teatral de ese gran lector de Moliere que es Macron cuando desplantó inteligentemente a Trump, al caminar hacia él y luego torcer para saludar primero a la canciller alemana. Es importante que Europa tenga estas actitudes y es importante que gane tiempo, como también lo es para México. Jugar con los tiempos para mi país es necesario sobre todo si el NAFTA no prospera, porque habría que buscar nuevos aliados, nuevos actores políticos, nuevas empresas”.

Kuczynski (Perú) y Macri (Argentina) hacen bien en aproximarse a Trump para minimizar daños

Enrique Krauze sostiene muy terminantemente –ahí está el fracaso del G7 del pasado mes de mayo, una decepcionante reunión en Taormina (Sicilia)– : “Trump representa una situación de emergencia en todos los sentidos, político, diplomático, económico e incluso bélico y medio ambiental”. La fórmula es “firmeza e imaginación política y diplomática para que trastabille y se exhiba en su incapacidad este personaje”. No espera ni cree probable –aunque no lo descarta– que pueda producirse un impeachment, lo cree “remoto” debido a:

“La polarización de la sociedad estadounidense porque el núcleo xenófobo, fascista que le apoya no es minoritario sino muy amplio, más gran-de del que pensábamos porque hay un sustrato racista que no quisimos ver. O sea, haga lo que haga Trump tiene apoyos, además del Senado y el Congreso, pero, por fortuna, contra Trump siempre contamos con el propio Trump”.

México es ahora uno de los menores problemas para el presidente de EE. UU.

Nos despedimos con referencias a España, un país que Krauze visita recurrentemente –“estoy como en mi casa, en México”–, de cuyos transterrados de la II República se declara “nieto” intelectual, citando especialmente a León Felipe. Recuerda las distinciones españolas que atesora –la Orden de Isabel la Católica, y la de Alfonso X el Sabio– y elogia al país:

“España es un espacio de convivencia –más allá de sus debates políticos– y de civilidad que los mismos españoles, me temo, no saben aquilatar demasiado bien. España ha desafiado las leyes del determinismo histórico y los españoles no se han percatado de ello. Trataré de persuadirles de que no solo es inmensa su literatura y su arte, sino también sus conquistas en la vida civil. Ojalá las sirenas del populismo no les convenzan nunca”.

El muro fronterizo entre ambos países es inviable, innecesario y antieconómico

Ojea los tres últimos ejemplares de UNO que le he llevado para que conozca la revista, promete leerlos y alaba, después de una atenta mirada, su diseño y formato. Y una revelación: está preparando una antología de sus ensayos y tiene en el horno un par de nuevos libros. Quedamos emplazados a una nueva conversación cuando se editen.