La crisis vivida este año por Facebook es sólo un ejemplo de la complejidad del mundo en que vivimos. El cambio de paradigma al que asistimos es reflejo del escenario líquido-virtual en el que evolucionan los riesgos y se desarrollan las crisis.

Vivimos en un mundo hiperconectado e hipertransparente, en el que los ciudadanos (muchos de ellos convertidos en cíborg en virtud de sus extensiones móviles) no sólo propagan la información en cuestión de segundos a escala planetaria, sino que lo hacen a veces con más interés cuando esta es falsa, como demostraron recientemente investigadores del MIT. Somos todos y cada uno de nosotros vectores de riesgo, como pudimos comprobar el pasado año con el ransomware Wannacry.

En este escenario de riesgo, altamente digitalizado e hipertransparente, la pregunta es pues ¿cómo las empresas están afrontando esta hipervulnerabilidad? ¿Cómo enfrentan los ciberataques que se duplican año a año? ¿Cómo se protegen de sus propios empleados convertidos en portavoces no autorizados? ¿Les transforman en colaboradores en situaciones de crisis? ¿Cuánto dinero pierde la economía mundial ante los riesgos financieros? ¿Se están preparando los consejos de administración ante la nueva realidad actualizando sus protocolos y contando con la mejor tecnología de gestión?

La desprotección de nuestros datos o comunicaciones personales amenaza con poner contra las cuerdas el sistema de relaciones a nivel global

Pero no sólo las ciberamenazas nos pueden colocar ante un futuro incierto. La desprotección de nuestros datos o comunicaciones personales y el aumento vertiginoso de las noticias falsas amenazan con poner contra las cuerdas el sistema de relaciones a nivel global incrementando el riesgo y la gravedad del mismo para gobiernos, corporaciones y ciudadanos.

Frente a esta realidad que nos rodea, ¿cómo se pueden preparar las organizaciones? ¿Podemos prevenir alguno de los efectos que va a tener este cambio a escala global? ¿Nos hemos preparado adecuadamente para gestionar la crisis cuando nos impacte? ¿No nos ahorraríamos mucho si estuviéramos preparados? ¿Lograríamos evitar el alto coste reputacional y de negocio que tienen las crisis, si nos adaptásemos a tiempo al tsunami de riesgos que está a nuestra puerta?

Tratar de contestar a esta y otras preguntas es el objetivo que hoy nos convoca en este UNO 31 ¿Nos acompañas?