Arthur C. Clarke nos presentó en Odisea del Espacio (2001) a la supercomputadora HAL 9000. La tecnología desde entonces ha avanzado en paralelo a la famosa Ley de Moore, pero no sólo se ha duplicado inexorablemente el número de transistores, también los complejos algoritmos de Inteligencia Artificial que dan vida a los asistentes de voz van a cambiar nuevamente nuestras vidas. En tres años, el 30 % de las cosas que hacemos a través de una pantalla podremos hacerlas directamente con la voz.

En tres años, el 30 % de las cosas que hacemos a través de una pantalla podremos hacerlas directamente con la voz

Hace bastantes años, cuando Google se encargó de fotografiar y recartografiar el planeta entero (no le salió precisamente “baratito”), con esta operación y su StreetView, metiéndonos una computadora en nuestros bolsillos con su sistema operativo gratuito Android, se aseguraba el liderar la movilidad, y junto con la localización, seguir generando ingresos millonarios en publicidad en cualquier pantalla. Sin embargo, teniendo cartografiado cientos de miles de kilómetros, sabía que cualquiera que utilizase esos datos públicos podría cargarlos en un vehículo y empezar a experimentar con la conducción autónoma. Entonces montó un nuevo producto que nos ofrecía gratis: Google Imágenes y Google Photo.

De esta forma, cuando buscábamos un producto o simplemente asociábamos una imagen a una palabra, y nos mostraba cientos de imágenes, conscientemente seleccionábamos la mejor para nosotros, pero estábamos entrenando y programando la inteligencia artificial de Google a reconocer objetos. Google, no contento con todos estos miles de millones de resultados diarios, para algunas opciones relacionadas con la seguridad y para confirmar que somos humanos, su nuevo reCAPTCHA nos viene pidiendo que de unas cuantas imágenes identifiquemos una señal de tráfico, un número o una carretera. ¡Estos tíos de Google son unos cracks! Nos tienen trabajando para ellos y, además, protegen muy bien y con mucha perspectiva de negocio, su principal fuente de ingresos: la publicidad.

Una vez alimentada “la bestia”, con la suficiente información, previamente corregida y supervisada por inteligencias humanas, decidió seguir con su plan de liderar la siguiente pantalla: la del vehículo autónomo. ¡Gran idea! ¿Si los coches van a poder conducir solos? ¿Qué vamos a hacer mientras? ¿Dormir, hacer la compra, trabajar, escuchar música y ver contenidos en las pantallas interiores o a través de realidad aumentada en los parabrisas del coche? Por eso, también compró varias compañías relacionadas con estas tecnologías como Quest Visual o Magic Leap, cuyo trabajo se ha mantenido en secreto durante los últimos tiempos.

La estrategia, aunque discreta, era evidente para los que “unimos cosas”. Cuando Google transformó su división de SelfDrive Car en una compañía llamada WAYMO y en pocos meses, superaba en valor los 72 000 millones de dólares, (más que Tesla, Ford o General Motors), el objetivo era claro: dominar el mercado de la conducción autónoma regalando su sistema operativo, igual que lo hizo en el sector de los smartphones, y así, dominar el negocio de la publicidad, en lo que pretendía ser nuestra “siguiente pantalla”.

Pero, siendo así de previsores, innovadores, apostando con montañas ingentes de dinero, con perspectiva, con los mejores profesionales y siendo líderes del mercado, a los de Mountain View les ha salido un problemilla que se llama Alexa.

Jeff Bezos, ese genio del “Customer Experience” que dirige con eficiencia Amazon, sabiendo que en el futuro cercano muchas compras se iban a producir en un vehículo, se adelantó, y ha firmado un acuerdo con Ford, Toyota, Lexus, Fiat Chrysler, Nissan, Hyundai, Daimler Mercedes Benz, BMW e incluso SEAT. La chica lista de Amazon, ha llegado la primera y se ha adelantado a los planes imperiales de Google y ya está vendiendo, es ella: Alexa.

Uno de los mayores cambios de modelos de acceso a la información después de la llegada de internet. Una voz nos va a atender en todo momento. El zero click ya es presente

La guerra por una nueva era, la del fin de las pantallas, ha comenzado entre los GAFA. Hemos entrado en 2018 en un nuevo paradigma: el de los asistentes de voz. Se acabó el pulsar en un soporte físico para comprar, chatear, buscar información de algo o simplemente estar informado de los cotilleos de tus amigos o vecinos. Comienza probablemente uno de los mayores cambios de modelos de acceso a la información después de la llegada de internet. Una voz, similar a la de hace 50 años de HAL 9000, nos va a atender en todo momento. El zero click ya es presente.

SIRI seguirá siendo la infiltrada espía que necesita Apple para seguir sabiendo más y más de sus fervientes usuarios, pero desde este abril cuenta con el fichaje de John Giannandrea, que era el Jefe de Inteligencia Artificial de Google. Precisamente, Google también acababa de “robarle” al responsable de desarrollo de Alexa a Amazon. Si Alexa es la chacha, la vendedora, la dependienta perfecta; Ok, Google pretende ser nuestro mayordomo y nuestro chofer. Por cierto, a todo esto… ¿Qué papel le queda a la compañía de Mark Zuckerberg? Pues sí, tendremos en breve, la nueva “Vieja del Visillo”, pero en digital. Un nuevo ente, de momento llamado secretamente “The Portal” o Jarvis, que se encargará de contarnos los marujeos de nuestro entorno: qué compran, qué dicen y qué hacen nuestros conocidos y vecinos. Probablemente, podrá incluso hacer transferencias seguras gracias a su cámara con reconocimiento biométrico, donde los bancos van a encontrar un nuevo enemigo. La última sorpresa que ha filtrado Bloomberg es que Amazon está trabajando en un nuevo asistente para el hogar, pero esta vez Alexa tendrá ruedas y forma de robot, que le permitirá perseguirte por casa para intentar hacerte la vida más fácil. ¿Qué más sorpresas nos depararán los avances en Inteligencia Artificial?