La llegada de las redes sociales ha incrementado notablemente la viralidad con la que se puede difundir información, tanto la correcta, como el número de noticias falsas, bulos y fakes news. Si Lutero contó en 1517 con la imprenta de Gutemberg para difundir sus 95 tesis a gran velocidad, el salto es comparable con la posibilidad que ofrecen hoy en día las redes sociales tanto para difundir conocimiento como para ganar campañas electorales con información inventada o con la posibilidad de expandir bulos en atentados terroristas, incendios forestales y otros momentos críticos. De este modo, no solo están en juego los principios de honestidad y transparencia que deberían regir cualquier sociedad democrática, sino que, cuando hablamos de emergencias, se crea una gran alarma social que puede poner en peligro tanto la seguridad de los servicios de emergencia y de las fuerzas y cuerpos de seguridad que atienden esos desastres, como de la población a la que se pretende proteger, y a la que se intenta hacer llegar medidas de autoprotección a través de los medios sociales.

Si bien las redes sociales tienen esta doble cara, la de ser un canal de rápida difusión y la de poder convertir esa misma característica en un arma destructiva o, cuando menos, poco amigable, la buena noticia es que las redes sociales funcionan como un horno autolimpiable: tienden a autocorregirse a la vez que ayudan a corregir a otras fuentes; ofrecen más información que los medios tradicionales y son un vehículo para autentificar las fuentes de la información.

Esta es la tesis que defendía Sasha Frere-Jones, allá por 2012, en su artículo “Good things about Twitter , publicado en The New Yorker. La periodista explica que la red social “Es una especie de horno autolimpiable, donde la sabiduría de la multitud puede resolver los problemas. Generalmente, surge una versión confiable de los hechos porque la vanidad (en forma de un número visible de retweets para el usuario que publica la versión canónica) alimenta el proceso, del mismo modo que la línea de un escritor puede presionar al ego en aras de la buena escritura”.

Ese mismo año, el periodista John Herrman publica en BuzzFeed News el artículo “Twitter Is A Truth Machine, donde señala que “Twitter nos llama a unirnos a cada ciclo de noticias comprimido, para discernir cada rumor o falsedad, y para ver todo lo que sucede. Esto es lo que hace que el servicio sea enloquecedor durante la meta-obsesiva temporada electoral, donde lo que está en juego no es claro y las consecuencias son abstractas. Y también es lo que hace que sea tan valioso durante los desastres rápidos y decididamente reales. Twitter es una máquina de procesamiento de datos a gran escala, que propaga y luego destruye los rumores a un ritmo vertiginoso. Insistir en la desestabilidad del ruido es perder el resultado: que terminamos con más hechos, antes, con menos ambigüedad”.

Twitter es una máquina de procesamiento de datos a gran escala, que propaga y luego destruye los rumores a un ritmo vertiginoso

La conclusión de este artículo no puede estar más cerca del concepto de transparencia intrínseco a las redes sociales: “Porque el Internet de hoy, por más exasperante que pueda ser, es muy bueno en una cosa: investigar hechos comprobables”.

Si bien estoy de acuerdo con que Twitter es a la vez el problema y la solución, cuando hablamos de emergencias no podemos olvidar que los equipos de voluntarios digitales surgen en todo el mundo y monitorizan las redes sociales para corregir la información errónea suministrada por las propias redes sociales, los medios de comunicación de masas y los informes oficiales, es así como señalaba Jeanette Sutton en 2010 en su artículo “Twittering Tennessee: Distributed Networks and Collaboration Following a Technological Disaster , donde la directora del Risk and Disaster Documentation Center añade que las crisis favorecen el surgimiento de una red de inspectores, los voluntarios digitales agrupados en VOST, que surgen en todo el mundo y monitorizan las redes sociales precisamente para eso.

Si nos fijamos en España, los voluntarios digitales en emergencias de VOST Spain importaron en agosto de 2012 el modelo VOST de Estados Unidos, creado por Jeff Philips en 2011. La importación se dio ante la necesidad de luchar contra los bulos de los incendios forestales de Carlet, Cortes de Pallás, Guía de Isora y otros que asolaron España. En estos territorios se estaban difundiendo informaciones peligrosas, por la alarma social que crearon Entre otras cuestiones se difundió, que el fuego estaba a cinco kilómetros de la central nuclear de Cofrentes, o que se necesitaban motosierras para controlar un incendio. ¿Qué habría pasado si no se hubiera desmentido un bulo así, y cientos de ciudadanos se hubieran subido al coche con una motosierra, plantándose frente al puesto de mando donde se intenta controlar un incendio? Para evitarlo, un grupo de profesionales de la emergencia, de la mano del entonces jefe de prensa del 112 Madrid, Luis Serrano; el analista de incendios, Javier Blanco; el técnico de protección civil, Rafael Gálvez Rivas; el técnico de emergencias sanitarias, Juan Luis de Castellví; y otros, crearon en 2012 VOST Spain.

Cómo recopilar, autenticar e integrar información de una variedad de fuentes en desastres es la tarea principal de los voluntarios digitales agrupados en equipos de ayuda VOST. Miles de voluntarios de todo el mundo trabajan coordinadamente con los servicios de emergencia desde Estados Unidos a Australia y en el corazón de Europa para difundir consejos de protección civil que ayuden a la población a protegerse a sí misma en momentos críticos.

Si las redes sociales tienen como principal característica la enorme viralidad a la hora de difundir mensajes, los VOST trabajan para utilizar esa gran capacidad de multiplicación para hacer de Twitter un aliado de la protección civil.

Como señalaba Will Oremus en Building a Better Truth Machine, en diciembre de 2012: “Una característica redentora de Twitter es la velocidad relativa con la que los usuarios olfatean y desenmascaran las falsedades de mayor circulación”. Así las cosas, nos queda utilizar de un modo responsable esta poderosa herramienta y vigilar el uso que de ella puedan hacer aquellos interesados en fabricar versiones de la realidad acordes a sus intereses.