UNO Noviembre 2019

La innovación requiere diversidad… y coraje

Desde pequeños nos formaron y educaron para pensar de determinada forma. Cuando elegimos una carrera, también decidimos (aunque quizás inconscientemente) un modelo mental y una forma particular de pensar y hacer las cosas. La influencia de nuestros padres, de nuestro grupo de pertenencia. El éxito o el fracaso profesional de nuestra familia. Las clases de tenis, las lecciones de inglés o de piano.

Todo lo que hemos hecho nos lleva a la inevitable conclusión de que somos lo que pensamos. Me gusta definir la innovación como la capacidad de hacer las cosas de una forma diferente, pero con un propósito. Podría aceptar que es más o menos fácil definir un objetivo. Pero cambiar, pensar distinto, hacer esas cosas de otra forma, es sencillamente luchar contra años de hábitos aprendidos. Por eso es que para quienes nos gusta el cambio y la transformación nos suena tan atractivo cualquier ejercicio que nos ayude a salir de nuestra zona de confort. Nos entusiasma el desafío de tener que dejar de lado el pensamiento lineal para buscar caminos alternativos para llegar quizás al mismo final o a uno inesperado.

Pero no podría decir que eso es innovación, al menos no en el estado más puro. La innovación tampoco está supeditada a la cantidad de términos novedosos que podemos memorizar o a las veces que repitamos que somos innovadores. Sostener que somos disruptivos porque podemos decir big data o Inteligencia Artificial en una oración, explicarle a alguien que el futuro es la tecnología o preparar una presentación sobre la transformación del mundo del trabajo es más bien un mecanismo de sobre adaptación para evitar sentirnos ajenos a una realidad que probablemente no terminamos de comprender.

“Escuchar y observar a quien piensa distinto es descubrir que el universo tiene límites más lejanos, y observar a todo un equipo es descubrir que los límites son invenciones propias del sesgo que genera ser como somos y pensar como pensamos”

Nadie quiere quedarse en el pasado o reconocer que se siente cómodo allí. Pero el problema es que, más allá de cualquier esfuerzo que hagamos para acercarnos a la innovación, nunca lograremos realmente arribar a resultados distintos si no podemos pensar distinto. Muy probablemente, lleguemos al mismo final, quizás con matices en el camino.

Voy a ilustrarlo del siguiente modo: podría escribir 10 veces este texto, parafrasear cada línea, intentar escribir de noche o de día. Y quizás lograría que sonara diferente. Pero, a fin de cuentas, el resultado sería el mismo. El efecto que mis palabras provocan en usted no estaría muy alejado. Y con esto no quiero decir que no podamos aprender, sino que somos lo que somos y deberíamos aceptarlo sin renegar de ello. Solo al aceptarlo seremos capaces de empezar a entender que el efecto que podemos provocar es limitado y está restringido a cómo pensamos. Y que el cambio, el profundo y verdadero cambio, llega cuando sumamos algo que no tenemos. Art Fry, un químico de 3M, a finales de los años 60 solía cantar los domingos en el coro de su iglesia. Para separar las páginas del libro de salmos utilizaba pedacitos de papel que, al abrir el libro, terminaban cayendo al suelo. Un día recordó que su colega Spencer Silver había inventado un pegamento tan malo que no servía para pegar y fue desechado por la compañía. El problema era que se despegaba con facilidad y ni siquiera dañaba un papel ni dejaba restos. Fry comenzó a experimentar para aplicarlo a sus papelitos separadores y hacerlos autoadhesivos. Este fue el origen del Post-It, que dio lugar a, ni más ni menos, cerca de 4 000 productos derivados que comercializa actualmente 3M.

Una persona talentosa y capaz tiene altas chances de hacer grandes cosas. Pero nada comparado con dos personas talentosas y capaces. Y menos aún con un equipo. Lo maravilloso de integrar perfiles diversos es cómo el mundo se amplía. Escuchar y observar a quien piensa distinto es descubrir que el universo tiene límites más lejanos, y observar a todo un equipo es descubrir que los límites son invenciones propias del sesgo que genera ser como somos y pensar como pensamos.

“Una persona talentosa y capaz tiene altas chances de hacer grandes cosas. Pero nada comparado con dos personas talentosas y capaces. Y menos aún con un equipo”

No hay motivo para creer que las posibilidades son limitadas, que lo que hay es lo que conocemos o entendemos. Hagan la prueba de poner a conversar a un ingeniero con un pintor sobre el origen del universo. Pongan a ese ingeniero a pintar o a ese pintor a calcular la resistencia de un material. No sé si alguno tendrá éxito, pero eso es lo que menos importa.

La innovación no debería ser un propósito, sino el medio. Quienes nos dedicamos a la comunicación y contribuimos a la profesión desde algún lado deberíamos animarnos a sumar a una mesa de trabajo a perfiles tan diversos como expertos en datos, developers y psicólogos, jóvenes y experimentados, principiantes y expertos, apasionados y escépticos. Ya sabemos qué hacer cuando un cliente nos llama, lo que no sabemos es todo lo que aún tenemos por aprender.

Sin perfiles diversos, nunca confirmaremos si aquella idea que tenemos en la mente, aún difusa, es posible hasta que la contrastemos y pongamos a prueba. La innovación es un bálsamo que puede reconfortarnos de la monotonía, el agotamiento o el exceso de responsabilidad.

Pero para innovar hay que tener coraje. Hay que aceptar que podemos estar incómodos. Tolerar que desafíen nuestras creencias. Obligarnos a enfrentarnos a nuestros peores miedos. Es un proceso arduo, difícil, sinuoso. Pero, al final, se siente tan bien al descubrir que no hay límites, que somos verdaderamente libres, que hace que valga la pena cada minuto de ese recorrido.

Pon a un equipo de gente diversa a trabajar, dales un propósito, y la innovación estará garantizada.

“La innovación tampoco está supeditada a la cantidad de términos novedosos que podemos memorizar o a las veces que repitamos que somos innovadores”

Cristian Marchiaro
Fundador de Horse y de Uanaknow
Emprendedor y Ejecutivo. Fundador de Horse, el primer software de gestión y sistema de medición para la industria de PR. Fundador de Uanaknow, un start-up de base tecnológica que permite a empresas y organizaciones tomar mejores decisiones basadas en información proveniente de la innovación abierta y la colaboración. Durante 7 años fue CEO de una de las agencias de comunicación líderes de Argentina, donde asesoró a empresas Fortune 1000 como Google, Twitter, McKinsey, Danone, Oracle, entre otras. Anteriormente formó parte de la práctica Corporativa de Edelman y de Fleishman-Hillard Argentina.

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