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Vivimos en un mundo que cambia permanentemente y, al estar inmersos en su propia complejidad, la percepción de los cambios, a veces, no es acorde con la velocidad de los mismos. La relación entre América Latina y Europa no es ajena a esta evolución.

Asia y, en ese contexto, China, con un gran desarrollo comercial e inversor, tiene un impacto muy significativo en la relación Euro-latinoamericana y, probablemente, en 2016, se convertirá en el segundo socio comercial de Latinoamérica por delante de la Unión Europea (UE). Frente a esa emergencia de China, con todo su potencial comercial y de inversiones financieras, la relación de Europa y América Latina se apoya, fundamentalmente, en algo tan sólido como que sus sociedades tienen una dilatada relación basada en nexos históricos, culturales, de respeto a los derechos humanos y a las leyes internacionales, en la defensa de intereses mutuos desde la óptica de los valores compartidos y, por supuesto, en una evolución muy importan te de sus relaciones económicas y comerciales.

Hay una masa crítica que permite, actuando unidos, conseguir objetivos importantes en el plano mundial

01_1La UE es, por el momento, el segundo socio comercial y el primer inversor extranjero de la región latinoamericana. La suma de todas las inversiones de la UE en China, India y Rusia juntas es inferior a su cifra inversora en América Latina. Estas inversiones tienen, además, la calidad de ser socialmente responsables, contribuyendo a la creación de empleo, la transferencia de tecnología y al desarrollo sostenible. Las inversiones de América Latina en la Unión Europea crecen cada año y Brasil es ahora el segundo inversor después de Estados Unidos, lo que contribuye a la creación de empleo y crecimiento en Europa.

Es muy oportuno reflexionar sobre el camino por el que deberían transcurrir las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y, a la vez, proponer una hoja de ruta concreta para preservar lo avanzado, eludir la languidez que vive la relación y encontrar senderos por los que caminar juntos, haciéndolo con un ritmo más intenso y de forma más eficiente.

Las cifras son elocuentes. Los países de la UE y los de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) representan un tercio de los miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y, en el caso del G20, casi la mitad de sus miembros provienen de estas dos regiones. Hay una masa crítica que permite, actuando unidos, conseguir objetivos importantes en el plano mundial. Para ello, es necesario fortalecer las dimensiones política, económica y de cooperación en las relaciones UE-Celac. Este enfoque sólo podrá producir beneficios para ambas partes.

En todo ello, el sector privado tiene un protagonismo especial para favorecer el crecimiento económico, creando empleos decentes. Su papel es fundamental en la contribución al bienestar de las sociedades de Europa y de Latinoamérica, así como para dar un nuevo impulso a la relación birregional.