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Tras los históricos encuentros entre Raúl Castro y Barack Obama, las relaciones entre los EE. UU. y Cuba augura una nueva etapa en las relaciones bilaterales, así como de las relaciones de Cuba con el resto del mundo.

Asistimos a un tiempo nuevo que ha generado unas expectativas muy positivas en torno a las posibilidades de apertura comercial y económica del país. Un mercado prácticamente virgen en el que emergen interesantes oportunidades de negocio para aquellas empresas que sepan identificar y proponer negocios e inversiones que sean provechosas para las dos partes.

Sin embargo, Cuba y su entorno institucional y de negocios no se parece en nada a ningún otro país del mundo, y su modelo económico tiene unas características particulares. A pesar del potencial de crecimiento del país, el crecimiento del PIB no ha sido el esperado y es inferior al promedio de la región, con un descenso de la exportación de bienes y servicios y la reducción de ingresos en las exportaciones tradicionales como el azúcar o la exportación de los productos derivados del petróleo. El gobierno cubano, consciente de la necesidad de dinamizar la economía, quiere atraer inversión extranjera para instaurar un desarrollo económico sostenible del país (2.500 millones de dólares anuales, según el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca).

Asistimos a un tiempo nuevo que ha generado unas expectativas muy positivas en torno a las posibilidades de apertura comercial y económica del país

Con este número de UNO, pretendemos acercar esta nueva etapa, tanto política como económica que vive la isla, aportando diferentes puntos de vista y aportaciones para la reflexión. Cuba tiene una estrecha relación con la región latinoamericana y las empresas del continente, así como la importante presencia española, pueden jugar un papel protagonista y aprovechar su posicionamiento si tienen una mirada amplia, global y estratégica para desplegar una inteligencia de negocios acorde con la realidad de la isla.